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El fin justifica los medios

Imagínate la situación: vas por la calle caminando tranquilamente, con tus cascos puestos cuando, de repente, te viene una extraña sensación, como si tu grupo favorito estuviera en tu cabeza, tocando para ti esa melodía que tanto te gusta, con un realismo que asusta.

Tu música suena en tu cabeza; tu música suena allí donde miras; tu música se mezcla con tus pensamientos; tu música lo impregna todo y te hace sentir bien, muy bien.

Es en ese momento cuando entiendes, definitivamente, que todo el dinero que has gastado en aparatitos tecnológicos y auriculares carísimos era una inversión de futuro. Una inversión en calidad. Una inversión que ahora da sus frutos. Una inversión, si se me permite decirlo, en felicidad.

Ya no sé si es por mis Shure; ya no sé si es por mis Cowon; ni si los Flac tienen algo que ver. Ni siquiera sé si es por culpa de los increíbles 'Camaleones'. Debe ser que todo suma.

Pero en ese momento, cuando se dan todas las coincidencias, es cuando llega ese momento mágico: el misticismo de la unión del hombre y la música. La finalidad, en la que todo es uno y todo es mágico.

Ese momento lo justifica todo. No tiene precio.

# Me inspira:
Is it any wonder
, The Chameleons.

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