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¿Feisbuk? No, gracias

El otro día me sentía un incomprendido por invitar a todo el mundo a usar alguna de las distros linuxeras y no conseguirlo. Hoy me señalan (bueno, desde hace ya varias semanas) como si realmente fuera un perro verde porque no tengo una cuenta abierta en Facebook.



Ahora ya no te piden el correo. Ahora te buscan en el Feisbuk y, si no estás, no eres nadie. Pero yo no estoy ni estaré.

De momento soy como aquéllos que, con la aparición de los primeros móviles, decían que nunca tendrían uno. Móvil ya tengo aunque cada día lo uso menos y, definitivamente, cada vez más para el uso que está concebido estrictamente.

Pero las redes sociales, entendidas como el lugar donde todo el mundo se muestra como si fueran amigos de toda la vida, sin tapujos y, sobretodo, sin las cautelas necesarias para mantener el anonimato e intimidad, no me gustan absolutamente nada. Algunas empresas y algunos listillos seguro que se frotan las manos cada mañana.

En qué poco valoramos nuestra libertad y confidencialidad.

Vía Baquía.

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