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Grado GH2, breve toma de contacto

Después de pasar por varios Grado, desde el SR60 al RS1i, sin obviar el SR325i ni el HF2, los nuevos supraurales que van apareciendo parece que se inclinan hacia un perfil sonoro ligeramente diferente a todo lo que he probado hasta ahora.

Si el intracanal GR10 representa, siempre para mi gusto, un salto cualitativo para mejor, el nuevo Grado GH2, de la serie limitada Heritage (con nuevo driver y madera de Cocobolo), sigue esa nueva tendencia de ofrecer un sonido más completo y para todos los públicos.


Un sonido más digerible para un no gradista, con menos garra pero más extenso y natural. Donde el agudo queda muy ligeramente atenuado, con lo que resulta menos incisivo; donde el medio mantiene su timbre característico pero también ligeramente contenido; y donde el grave cobra vida de forma exquisita, no tanto en cantidad sino en calidad, en extensión y profundidad -para ser un Grado- pero también en definición y transparencia.

Desde que probé el GR10 deseaba que esas mejoras sonoras, respecto al GR8, las trasladaran a su gama de supraurales, puliendo algunos aspectos (agudos menos vigorosos) y potenciando otros (sacar el grave del ostracismo). Y así, unos pocos años después, apareció la gama Heritage, primero con el GH1 (2016) y ahora con el GH2 (2017).

No sé qué tal se comporta el GH1 pero el GH2, que lo disfruto desde hace unos meses, es el mejor supraural de la marca que he probado hasta ahora.

Es puro pragmatismo, no la inercia de la emotiva novedad, porque pasa mucho más tiempo fuera de la caja que dentro, más tiempo enchufado al ampli, sonando sobre mi cabeza, que durmiendo entre paredes de cartón azul celeste.

Es el auricular, junto al Hifiman HE-560, que más utilizo cuando estoy en casa (a día de hoy, el que más); para fuera, tengo el GR10 y el Westone 4. Un cuarteto de sobrada calidad para la mayoría de los mortales.

Creo que la magia en el GH2 está en el subgrave, el gran olvidado de las series Prestige y Reference (desconozco qué tal se comporta en los Statement y Professional).

Darle luz sin poner el foco en la zona baja de frecuencias, dotarle de transparencia y articulación donde antes había cierta oscuridad (respecto al RS1i, por ejemplo) y, al mismo tiempo, quitarle algo de brillo por arriba para conseguir, en conjunto, un sonido más coherente y disfrutable. Y todo ello sin perder la esencia Grado porque no hay duda de que es un Grado.

Además, y ya no sé si es psicosomático, pero me parece incluso más cómodo que el resto de mis Grado. No aprieta tanto.

En algún momento, más adelante, habrá oportunidad de compararlo con el RS1i. Pero ahora voy a seguir disfrutándolo.

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